domingo, 14 de mayo de 2017

Ángel Otero, torero. Mansa y blanda la de El Pilar.

...Con las frías vimos a un sensacional Ángel Otero, que tras un buen primer par dejó lo más vibrante y meritorio de la tarde...

Con más de tres cuartos de entrada, en una ocupación de tendidos propia a lo recordado en ferias pasadas y con una tarde fresca pero no desagradable, se ha lidiado una corrida de El Pilar desigual de presentación y mansa, blanda y descastada en líneas generales de El Pilar. Diego Urdiales se mostró dispuesto y dejó algunos pasajes ante el primer; vimos a un David Mora limitado físicamente, sin poder llegar a cargar su peso sobre la pierna en la que tuvo la grave cornada, siéndole a su vez dificil el correr para atrás a la hora del recibo y de llevar el toro al caballo. Y esto lógicamente esto le afectó mentalmente, a su actitud y voluntad a la hora de confiarse. José Garrido dejó sabor de querer ser, no perdonando en quites y tratando de lucirse con el capote, pero en la muleta sacó por momentos su cara más ventajista y su encimismo, apareciendo como destellos únicamente su faceta de cargar la suerte y llevar los muletazos hasta el final, dando el paso adelante para enlazar el siguiente, como se le pudo ver en su etapa novilleril.



Rompió plaza Sospetillo, un colorado muy del tipo de su sangre Aldeanueva que salió rematando en tablas, parándose enseguida para buscar terrenos del sol. Tuvo Urdiales que recibirlo con el toro parado, instrumentando los lances uno a uno, de los que salía suelto y distraído. Tomó una primera vara al relance, trasera y caída, que fue rectificada y en la que cumplió el astado buscando salida, apretando hacia afuera. Salió del peto blandeando y Urdiales se dispuso a hacer un templado quite a la verónica en el que se le coló varias veces por el pitón derecho al intentar dar una segunda media. Lo dejó en suerte con una revolera y detalles de torería, pero el animal repuso y le hizo hilo, desarmándole y teniendo un buen susto el riojano en la hazaña. Le pegaron lo justito en la segunda entrada, puyazo caído del que salió suelto. En la brega mostró una embestida complicada, colándose por ambos pitones, dificultades que su lidiador El Víctor no supo resolver. El colorado buscó las tablas, apretando hacia ellas haciendo hilo y aquerenciándose en dicho terreno, costando sacarlo de los adentros. Inició el arnedano su faena pasándolo por bajo, sacando al tercio a una bronca embestida que cabeceaba. Consiguió firme y con la diestra trazar muletazos redondos hasta rematar detrás de la cadera en unos pasajes que fueron de lo más destacado del festejo, tuvo además temple su labor, no permitiendo que el cabeceo tropezase las telas, la mejor fue la segunda tanda, muy mandona e imprimiendo gusto, hasta que el viento le estropeó este detalle en la siguiente. Al natural fue a mejor, ajustándose un poco más en cada sucesivo muletazo, rematando por último por bajo, con un trincherazo. Pinchó en bajo sin cruzar, sonó el primer aviso y despachó de estocada contraria, pegando al sentir el acero un fuerte arreón el del Pilar, teniendo el diestro que soltar engaño y correr al olivo. Estuvo mal con el descabello, siendo su labor silenciada mientras que este manso a arreones, bajo de casta y con cierto peligro sordo fue pitado en el arrastre.



Carapuerco segundo traía por nombre el segundo, que fue protestado de salida por faltarle algo de cuajo y quizá seriedad por delante. Desde primer momento su afán fue saltar la barrera buscando escapar del redondel, pero no tuvo el empuje de riñones necesario para ello en los varios intentos que protagonizó, despertando la atención del público, que lo vivió vibrante. Salió suelto de los lances, tomando una primera en la que se le tapó acertadamente la salida y en la que buscándola tiró de riñones el mansete, llevando la cabalgadura hasta más allá de las rayas en su empuje. La segunda fue trasera y se le dio poco, saliendo suelto como era natural. A José Garrido le tocó correr tras el en su quite por chicuelinas, llegando el animal a banderillas tardeando pero humillando por el izquierdo, aunque colándose por el derecho. Con las frías vimos a un sensacional Ángel Otero, que tras un buen primer par dejó lo más vibrante y meritorio de la tarde con su segundo par. Estando el toro muy cerrado en las rayas, confió apostando en que se arrancaría con todo; si le llega a esperar le hubiese sido muy difícil ganarle la acción y salir mientras apretase a tablas en tan poco espacio. No se equivocó, y ojo como le citó de poder a poder, esperando a que se arrancase el toro antes de empezar a cuartear, ojo a como ganó el terreno con el arreón que pegó hacia él y la manera en que cortaba; y encima cuadró en la misma cara, se asomó y clavó sacándolas de abajo. Un señor par, me puso en pie Ángel Otero, si señor, torero. Inició faena el diestro toledano pasándolo por bajo, pero el toro se le va rajado, por lo que tras intentarlo y en vista de un público que solicitaba que abreviase, agarró pinchazo hondo tras en pinchar en bajo y descabelló. Pitos al manso rajado y silencio.



Remató en tablas el tercero, de nombre Jacobero, que salió suelto de los lances aunque humillando. Buen recibo genuflexo por parte de José Garrido, con el toro ya un punto parado, midiendo incluso antes de arrancarse y revolviéndose en poco terreno. Vara fuerte trasera y caida en primer lugar, de la que sale suelto y blandeando. Segunda vara tardeó aun de cerca, recibiendo un puyazo trasero fuerte, cosa que no se entendió con lo justo de fuerza que estaba. En garapullos se agarró al piso, actuando con eficacia los miembros de la cuadrilla. Inicia faena el extremeño pasándolo por bajo, luego le pegó un tirón en el tercio llevándolo hacia el 1. A partir de ahí se puso a pegar derechazos descargando la suerte, hasta que se desplomó el inválido. Se dobló con él tras intentarlo por el izquierdo y mató de bajonazo. Manso inválido y soso, fue pitado. Silencio para el pacense.

En cuarto lugar hizo aparición Carapuerco -este el primero-, no en vano al llevarle algo más un año al anterior es posible que además de compartir reata, sea hijo de la misma madre que el lidiado en segundo lugar, siendo aquel del parto anterior a este. Salió con pies, echando las manos por delante, evidenciando flojera pero revonviéndose. En varas tomó un primer puyazo trasero, algo caido; mientras que en la segunda entrada tomó un picotazo en el que no se emplea, del que salió repuchado y desentendido. En el segundo tercio la brega transcurrió levantando el capote, evitando que doblase las manos, con una embestida muy sosa, carente de codicia. Inició faena Urdiales y se le caía por momentos, muy complicado que trasmitiese. Abrevia, pues el publico así lo pide. Estocada desprendida tendida saliéndose. Pitos al invalido. Silencio

Huracán, el mejor de la tarde.
Huracán se llamaba el quinto, que de salida humilló por el izquierdo y con embestida rebrincada por el derecho. En varas la primera cayó trasera, cumpliendo y metiendo riñones el burel. A la segunda entró a relance, apenas se le pegó, pero a descatar que se quedó en el peto cumpliendo con la cara fija. Buen comportamiento en varas. Garrido no perdonó su quite y estuvo aseado sin más a la veronica, pudiendo después ver una buena brega de Ángel Otero a un toro con movilidad y que acudió pronto a los cites, con nobleza y humillando, con fijeza en aquel que le citase. Inicia el trasteo David Mora pasándolo y recortándole embestida, en algo que me pareció un sinsentido, posiblemente fruto de las dudas entre las que lo siguió probando, sin confiarse, algo a lo que no llegó a lo largo de la faena. Ya en la tercera tanda liga por el derecho pero sin asentar las zapatillas, hacia afuera y sin ajustarse, no haciendo el toro ningún extraño y pasando con obediencia en la muleta. Con la zurda siempre ayudándose del estoque y sin dejar quietas las zapatillas, sin hacer el toro extraños, aunque con algo menos de recorrido en el muletazo, pero igualmente noble. Quedó el toledano por debajo de este buen toro para el torero, sin llegar a quedarse asentado llevando toreada y mandada la embestida hasta el final en ninguno de los lances. Al irlo preparando para matar, le desarmó, algo que le ocurrió tras agarrar un pinchazo hondo, teniendo que salir corriendo a tablas. Tomó el descabello, estando el toro muy amorcillado y tapado en tablas, pero aún con reservas para pegar algunos sustos en tantas veces como el diestro falló con el estoque de cruceta, sonando poco a poco los avisos pese a la bondad del palco, hasta llegar el tercero y sin que se viese a un torero con actitud de querer matar su toro por todos los medios antes de que eso llegase, como se pudo ver hace dos días a Eugenio de Mora, que tras pasarlo mucho peor con el descabello -su toro estaba más entero-, optó sin duda por tirarse a matar de nuevo las veces que hiciese falta para asegurarlo. En este caso no fue así y solo vimos dar golpes de verduguillo con precauciones y sin la firmeza necesaria en muchas ocasiones, sin voluntad para coger de nuevo el estoque, dejando la muerte en manos de un pinchazo hondo atravesado que apenas hizo daño y del cara o cruz del descabello. La bronca fue subiendo de tono hasta llegar al summún cuando una vez retirado el diestro al callejón habiéndose tocado el tercer aviso, el puntillero de la plaza se dispuso a apuntillarlo desde la tronera del burladero, en un sinsentido pues además mientras tanto hizo aparición la parada de bueyes para llevárselo a corrales, debió faltar comunicación entre palco y alguaciles a través del Delegado, pues o una cosa o la otra. A mi entender transcurrido el tiempo reglamentario y pudiendo aún moverse a corrales el animal, -como era el caso-, debía haber sido apuntillado en los chiqueros. El astado recibió palmas en el arrastre, quizá algunas de castigo al diestro, pero por su juego entiendo que en su mayoría no se trató de eso. Bronca para David Mora.



Cerró tarde Mira-bajo, abanto en los primeros compases, saliendo suelto de los lances, buscando además las tablas. José Garrido lo recogió arrebatado por delantales y remató con una media de rodillas, llegando a los tendidos. Estando ya prácticamente a punto de ser dejado en suerte en contraquerencia, el morito pega un arreón hacia el caballo que guardaba la puerta, donde recibió un puyazo caído y trasero, siéndole además tapada la salida, en una vara de la que salió aplomado. Ya en contraquerencia se repuchó de la segunda vara, saliendo desentendio. Un templado Urdiales se dispuso al quite, en esta ocasión a la verónica, quedando el astado muy aplomado y tardo, con las fuerzas medidas y algo distraído frente a los rehileteros. La faena la inició el extremeño con la mano derecha, ligando varios muletazos, siguiendo en esa linea, algo mejor al cargar la suerte, en lances en los que el animal repone, apretando si es hacia los adentros, motivo por el que posiblemente se empeñó el joven espada en sacarlo de su querencia, hacia los medios; terreno que le pesó bastante al mansito y donde le cuesta más embestir. La faena continuó al natural, acortando distancias ante el tardeo y muy mal colocado, abusando además del cite con el pico, muleta retrasada y despegada del cuerpo para tratar de encaminar el medio muletazo que apenas si tiene el cornúpeta. Regresó al derecho y tiró de arrimón, ahora que el toro ya había dado lo poco que tenia, quizá pudo ser algo más en su querencia. Pasaportó de una estocada baja, de rápido efecto, siendo silenciado este manso descastado y a menos, al igual que la labor del coletudo.

Rubén Sánchez.

sábado, 13 de mayo de 2017

Mansa y descastada corrida del Ventorrillo.

...siendo recibido con aplausos a su paso por su bella estampa. De pelo burraco y trapío espectacular...


Corrida bien presentada pero baja de casta de El Ventorrillo, además de mansedumbre muy acusada. Más de media plaza en los tendidos en tarde desapacible, con amenaza de tormenta. Eugenio de Mora con pocas opciones en su lote, Morenito deja ir un toro de triunfo mayor y corta la primera oreja barata de las que vendrán y Román, también sin toros, deja una impresión algo tremendista, con un valor al que falta un toque de cabeza.

Abrió tarde Bajeza, salio con pocos pies, pero se precipitó el palco tocando a picadores con apenas tres lances, sin estar el animal fijado, recibiendo una vara trasera fuerte en la que empujó, mientras que salió suelto de la segunda, doblando la mano izquierda, una leve lesión que presentó desde los primeros compases. Llegó a banderillas aplomado, moviéndose sin codicia, haciendo gala de su descaste; aunque haciendo hilo a los adentros, muestra de su mansedumbre. Eugenio de Mora se dispuso a iniciar faena de rodillas, pronto se le coló y le desarmó, por lo que optó por salir a los medios aprovechando un arreón del burel, que salía suelto buscando escapatoria de cada lance. Su embestida además de sosa era echando la cara arriba apenas dejó al diestro toledano ligar una serie a base de insistencia, pasando a tratar de dominarlo pasándolo y buscandole los costados antes de tratar pasaportarlo, capítulo en el que pasó un quinario un buen estoqueador como él. Se tiró inicialmente desde fuera de la suerte y además el toro echaba la cara arriba sin desplazarse, no le dejaba cruzar. Pinchó dos veces, perdiendo una de ellas la muleta, dejando a continuación media estocada que el toro escupió, llegando el primer aviso tras una media contraria. Cogío el verduguillo y tras pasar un rato malo por lo complicado que se puso y echándose poco a poco el tiempo encima, se vuelve a tirar a matar asegurando con una estocada baja muy atravesada que apenas hizo efecto. Sonó el segundo recado presidencial y le recetó una estocada arriba. Duro de patas este primero, guardó para vender cara su muerte toda la energía que no empleó en la lidia. Fue pitado en el arrastre el manso descastado y silenciado el coletudo.

Román hizo aparición en el tercio de quites, echándose el capote a la espalda,...


Salió con pies y abriéndose tras los lances el segundo, de nombre Nevado. Morenito de Aranda dejó algún destello a la verónica en el recibo. Tomó con prontitud la primera vara, que cayó trasera, a la que salió lo probó el arandino, que inteligentemente le fue dando tiempos, en vista de la justeza de fuerzas del cornúpeta. La segunda entrada fue cumplir expediente con un picotazo del que salió suelto. Román hizo aparición en el tercio de quites, echándose el capote a la espalda, en un variado quite en el que hizo alarde de valor, combinando en función de la trayectoria del toro gaoneras con una orticina, rematando con suavidad en una bonita larga. Morenito no quiso quedarse atrás y dejó su firma a la verónica en otro sabroso quite. Su cuadrilla hizo buena labor en banderillas, desmonterándose Jarocho y Pascual Mellinas, lidiando bien Zamorano a una res muy aplomada aunque con prontitud al cite. Inició faena en tablas, saliendo a los medios para ligar la primera tanda con la diestra, algo despegada. No influyó este detalle para que enseguida el público conectase con su labor y se pusiese de su parte. Se echó la zurda cuando apenas le quedaba al animal ya medio muletazo de recorrido en su embestida babosona, noblota, sosa y descastada, además de evidenciar mansedumbre. No le quedó toro al burgalés para los remates y tras un pinchazo caído y otro sin cruzar, descabelló habiendo escamoteado la suerte suprema, pues no agarró ni una media estocada. Fue ovacionado entre división tras escuchar un aviso; y silenciado el burel.

Román se dispuso a estirarse en el recibo de sus dos reses sin antes abrir y probar la toma de contacto y la forma de embestir. Esto dio fé de su disposición y valor, pero el animal le enganchó el capote al echar la cara alta en los lances. Se paró enseguida este Carroñero, tomando en una primera entrada un picotazo en el que se dejó pegar un buen rato antes de irse suelto. En la segunda entrada salió suelto de otro refilonazo; teniendo que entrar por tercera vez, pues a buen juicio del palco, no eran dos puyazos reglamentarios. En este tercero se quedó a dejarse pegar el picotazo, saliendo muy justo de fuerzas y escaso de casta. En garapullos estuvo aplomado, buscando las tablas y muy distraído. Lo mejor del tercio vino de parte de Raúl Martí, que salió a cuerpo limpio con los palos en la mano a hacer el quite a su compañero El Sirio, que venía de salir de un par con el morlaco haciendo hilo. Inició faena por bajo más allá de las rayas, burlando dos arrancadas con pies antes de que regresase el astado a su aplomo. Se puso el valenciano encimista, además descolocado y un punto pesado y tremendista. Solo al final pudo correr una vez la mano y rematar con un trincherazo ese destello. Se tiró por derecho en la rectitud en la suerte suprema, dejando una buena estocada, un punto trasera pero muy efectiva, que dio boleto a este manso, flojo y descastado tercero. Fue silenciada la labor del joven espada.

Garrochista salió en cuarto lugar y fue otro ejemplar que se paró enseguida tras pocos lances, tomando la primera vara con prontitud, bien agarrada a la caída del morrillo. En ella cumplió con la cara abajo, costando sacarlo, mientras que en la segunda recibió apenas un picotazo que provocó la protesta de los tendidos, ante lo cual se le metieron las cuerdas aun habiendo ya levantado antes el palo. Ante los rehileteros se mostró distraído y aplomado, frenándose en la brega. El Puchi estuvo aseado, eficaz. Inició Eugenio de Mora su faena en tablas, pero el toro únicamente se defiende, echando la cara arriba y frenándose, pese a las ganas del toledano, que tuvo que abreviar, algo que el público le agradeció. Lo cazó de un bajonazo muy al hilo de tablas. Pitos en el arrastre para este manso descastado y silencio para el diestro.



Cetrero hizo aparición en quinto lugar, siendo recibido con aplausos a su paso por su bella estampa. De pelo burraco y trapío espectacular, Morenito lo recibió con un buen ramillete a la verónica, precipitándose al querer rematar lo que ya estaba rematado con una segunda media, en la que el toro le desarmó, teniendo que correr tras el lucimiento, que fue de agrado pero que no llegó a fijar la embestida, por lo que la primera vara la tomó al relance y desde dentro de las rayas, saliendo el animal desentendido. Para la segunda apenas un picotazo del que salió suelto. Román no perdonó su quite, esta vez por tafalleras, vibrante por su quietud. En banderillas aunque tardo, iba con todo cuando arrancaba, incluso sorprendiendo en algún arreón. La brega fue buena por parte de Jarocho, mientras que Zamorano y Mellinas se desmonteraron. El burgalés apostó y se fue a los medios, donde dando distancia inicio un trasteo vibrante por la trasmisión que tenía la prontitud en la arrancada del morito y como acudía con todo a por su objetivo; además se hizo presente la ligazón, pues aunque el toro no terminó nunca de humillar ni de entregarse e incluso apenas tenía medio muletazo llevándolo sometido de verdad; la inercia no le dejaba frenar, de modo que se desplazaba más allá del trazo del pase y su prontitud si le hizo repetir. La faena tuvo buen plateamiento, siempre con una buena distancia y dando tiempo entre las tandas cortas pero intensas; aún así, los lances no me terminaron de convencer, pues pese a que hubo destellos, más de uno enganchado, algo acelerado y con más de un tirón y latigazo que evidenció falta de temple. La suerte estuvo descargada, y lo peor: los desplazó casi siempre hacia afuera al dar salida. El planteamiento, bueno hasta el momento, se desconfiguró al tomar la zurda, bastante tarde, por cierto. Para torear al natural (no habiendo hecho nada raro el toro por ese pitón), acortó la distancia, quedándose corto el astado; por lo que regresó al derecho, donde consiguió los mejores muletazos, más en redondo. El pase de pecho se lo enganchó, pero remató por bajo. La plaza estaba con él, muy metido en su faena. Remató sin haber visto apenas el pitón izquierdo y sin llegar a cuajar la faena que por su trasmisión y pese a sus defectos, el toro tenía. Pinchó arriba, algo que debió privarle de la oreja que paseó (concedida sin mayoria, por cierto), dejando después una estocada vertical atravesada metiendo la mano con habilidad. Concedido el trofeo y tras escuchar la ovación de gala con que fue despedido en el arrastre este Cetrero, -algunos incluso le pedían la vuelta al ruedo-, me hice dos preguntas. La primera a qué plaza había venido a ver toros. La segunda ¿si no llega a pinchar le piden dos orejas?.



Román se dispuso a recibir al sexto a pies juntos, sin probaturas. Este Civilón tomó una primera vara trasea en la que cumplió con fijeza, metiendo riñones, saliendo hacia tablas del puyazo, en su primera cantada de huída. Lo tuvieron que dejar debajo del peto para la segunda entrada, un picotazo en el que no se empleó y del que salió suelto. Ante los de plata anduvo moviéndose a arreones, buscando los chiqueros, tratando de parear a la media vuelta para evitar el apretón hacia los adentros. Lo suyo hubiese sido al sesgo, de dentro a fuera, pues para los medios siempre hubiese apretado menos. Inició el valenciano su faena por estatuarios, continuando recortando las embestidas, a pies juntos. El bronco y rebrincado manso tiene trasmisión por su peligro. Muy dispuesto aunque encimista, tratando de sacar algo estuvo Román, peleando con un animal que solo pensaba en huir y que le iba llevando poco a poco hacia chiqueros. Se equivocó al citar al natural con el toro mirando a las afueras, pues solo pedía adentros. Tras insistir en el cite, se arrancó, revolviéndose hacia su querencia en un latigazo que le costó una fuerte voltereta. Regresó a su ser, a torearlo paralelo a tablas y cerca de ellas, en un punto ya tremendista. Despachó en chiqueros de media estocada tras dos pinchazos en los que no cruzó. Fue silenciada su labor tras un aviso.

Rubén Sánchez.

viernes, 12 de mayo de 2017

Manseó La Quinta manteniendo el interés con su casta y un buen Javier Jiménez al natural.

...con más de la mitad de faena hecha, rompiendo de verdad las embestidas por abajo y en redondo, llevándolos hasta detrás de la cadera...

En tarde desapacible y lluviosa al inicio del festejo, se ha abierto la Feria de San Isidro con un encierro de La Quinta, corrida cinqueña, algo desigual de presentación aunque todos con trapío suficiente. Los tendidos presentaron un aspecto pobre para ser feria, aunque parte de culpa la tuvo el aguacero que descargó sobre el coso minutos antes del paseillo.

En primer lugar salió un Orejita, abanto de salida y mostrando justeza de fuerzas, echando las manos por delante. Alberto Aguilar dejó un buen recibo capotero, lo mejor de su actuación en el festejo. El astado fue muy malamente picado, al relance en un primer encuentro se llevó dos cortes a la caída del morrillo y una vara trasera. Salió suelto y fue colocado a media distancia para la segunda entrada, a la que no quiso el bureal acudir. Tras tardear e irse a buscar los capotes, fue bien colocado en corto junto a la raya por el eficaz lidiador César del Puerto. Apretó el cornúpeta hacia las afueras mientras se le recetó con ímpetu una vara trasera. David Galván trató de hacer un quite pero remató al segundo lance en vista de la falta de fuerzas del cárdeno, que llegó a banderillas con pies y prontitud, viéndose un buen par de César del Puerto. El trasteo inició por bajo saliendo a los medios, buscando enseguida el pitón izquierdo, dando una buena media distancia y consiguiendo, sin grandes dificultades por la condición de la embestida, ligar varias series a las que faltó ajuste. Si bien no terminaba de humillar, a media altura seguía la muleta, que más bien acompañaba, con recorrido y repitiendo, pero el madrileño aunque correcto sin más, no lo terminó de aprovechar, quedando su actuación por debajo de las posibilidades que el toro le ofrecía. Tomó la diestra y algo amontonado, acelerado remató con un cambio de mano, intentando por último conectar volviendo a la zurda cuando el animal ya desentendido pedía la muerte, algo que le recriminó parte del público, de modo que se dispuso a doblarse con él y trastear antes de entrar a matar, algo que hizo con serias dudas, lo cuál añadió dificultades a la suerte suprema. Dejó una estocada casi entera algo caída y trasera, perdiendo la muleta y descabelló, de nuevo con precauciones tras escuchar un aviso. Fue silenciado, al igual que en el arrastre este manso y noble primero.



Presidiario lució en su aparición al redondel una bonita estampa,  cárdeno claro caribello, salió huidizo y sin pies. David Galván trató de enseñarle a embestir, soltando capa de modo que fuese lo único que viese el animal en su afán por salirse suelto, buscándole las vueltas con oficio, algo que propició que el animal huyese al verse dominado. Lo único bueno que había mostrado su embestida hasta el momento era su buena humillación en la acometida. En varas hubo bastante desorden, muchos capotazos. Y es posible que en parte fuese por evitar la bronca del público, pues a la plaza en general le cuesta entender que cuando no hay bravura alguna para mostrar, lo que hay que hacer es picar al toro de manera efectiva y sin alargar la lidia, evitando (y más en casos como este) que el animal se oriente más de lo debido. Hasta en tres ocasiones fue tratado de llevar por su matador hacia la montura de contraquerencia, cuando era de sobra tangible que ni era el terreno al que quería ir (lo tuvo que cortar antes el tercero al irse hacia el caballo que guardaba la puerta y ya había arreado varias veces hacia chieros) ni se le iba a poder picar allí. Finalmente y tras haberlo intentado tres veces, dejó que el toro tomase un puyazo fuerte en el caballo de puerta, del que salió suelto tras tratar de quitarse el palo echando la cara arriba. Como era de esperar, fue abroncado igual que si hubiese mandado al picador titular ir hacia ese terreno tras el primer intento, solo que habría además ahorrado en esfuerzos y el toro en capotazos y en tiempos para irse orientando. Ya en la segunda vara ordenó al piquero titular cambiar de terrenos hacia el 5 y ni allí se le pudo tapar la salida, solicitando equivocadamente a mi entender el cambio de tercio habiendo dejado crudo a una res que no se empleó, con gran facilidad para venirse arriba. Llegó distraído a la brega, con una embestida rebrincada y evidenciándose menos la humillación antes patente, acusando el exceso de capotazos. Ante los rehileteros espera midiendo, corta una vez arranca, se orienta por momentos en tanto que le dejan pensar en algún tiempo muerto. El joven espada inició faena por bajo, tratando de alargar una embestida muy complicada, una embestida para faena de aliño. Pese a todo, optó por tirar la moneda aunque con las precauciones lógicas, y cuando pareció en dos pasajes que se había tragado dos redondos por el derecho, en un fuerte y certero gañafón, le alcanzó el gemelo, propinándole una fuerte voltereta y caída, quedando inconsciente el espada en el albero. El parte médico aclara que además de perder la consciencia, el golpe le produjo conmoción cerebral y rotura de codo, mientras que el gañafón le caló en un puntazo corrido. Pronta recuperación, aunque lo del codo ya es mala suerte. Si Alberto Aguilar no terminó de entregarse, de confiarse con el anterior, no entramos a detalles de las precauciones que tuvo para pasaportar a este, optando por entrar a matar sin antes dar unos muletazos de castigo para facilitar la empresa. Pinchó en cuatro ocasiones, agarrando media estocada a la quinta, algo tendida. Además de que le faltó doblegarlo y que el toro debió tomar al menos otra vara en condiciones, los pinchazos vinieron porque el madrileño no es que no entrase recto en la suerte al tirarse, sino que además de salirse, no pasaba. Y sin pasar lo difícil es agarrar el estoque, aunque sea en lo bajo. Descabelló, habiendo silencio por parte del público. También para el complicado y orientado manso encastado.

Matajaca fue el más armónico de la corrida, más bajo de agujas, algo más corto y de canales redondeadas, tenía hocico chato y su cara acapachada le daban cierta similitud a la expresión tan admirada de los pablo-romeros. Salió con pies, algo rebrincado y humillando, aunque pegando tornillazos. El toro se picó bien, a la caída del morrilo ambas varas por parte de Agustín Romero, que fue aplaudido al abandonar el ruedo. En cambio la pelea del astado no gozó de tanto lucimiento, al hacerla echando la cara alta. Fue pronto en garapullos, desluciendo la brega con sus gañafones y frenazos al tomar las telas, destacando ante su embestida Abraham Neiro "El Algabeño" en dos buenos pares a los que citó dejándose ver despacioso, andándole con torería. La faena inició por el derecho, muy bronco, por lo que optó por irlo sobando con la zurda, por donde con buen concepto, cargando la suerte, logra ligar algunos naturales. El toro se dejó, aunque se fue aplomando por momentos, yendo a menos, teniendo el sevillano que acortar la media distancia antes dada y quedando el trazo del muletazo cada vez más escaso. Regresó a la diestra y ya todo había cambiado. La brusquedad no era tal, pero apenas tenía medio pase, le dio varios con la muleta a media altura, alargando innecesariamente una faena que ya estaba hecha. Estuvo mal con los aceros, agarrando algo menos de medio estoque a la quinta, tirándose desde fuera de la suerte. Fue silenciado, al igual que este Matajacas, que aunque encastado, fue a menos.

El toro se picó bien, a la caída del morrilo ambas varas por parte de Agustín Romero, que fue aplaudido al abandonar el ruedo.
Veleto y acodado, quizá un poco cornipaso aunque no muy ancho de sienes para tratarse de Madrid era el cuarto, de nombre Gaditano, frío de salida y que salió de najas en la primera entrada a la cabalgadura, haciendo sonar el estribo en la segunda, entrando una tercera en la que no se empleó, desentendido de la pelea mientras recibía un puyazo fuerte. La lidia transcurrió sin mucha no ya brillantez, sino implicación de un reservado Alberto Aguilar. Salió el morito del puyazo con la cara alta y aplomado, agarrándose al piso aunque un punto gazapón, tardeando, buscando terrenos del tercio en la zona del 1. Inició faena el madrileño sacándolo un poco de su terreno, buscando enseguida el pitón izquierdo, en tanto le sorprendió la nula humillación por el derecho. Al natural se los tragaba el astado entre las dudas y sin ajuste alguno, apenas se metió el público en la labor del espada en unos breves pasajes en los que el toro, hacia los adentros, apretó, humillando y trasmitiendo por aquello de que se movió y repuso, no tanto por los dos latigazos con los que canalizó el coletudo dichas acometidas. De nuevo mal con la espada, teniendo que descabellar. Duro de patas este manso que fue también a menos; y que pese a estar tocado por uno de los descabellos, que le limitó alguna parte del sistema nervioso, quedando aparentemente inmóvil pero en equilibrio luchando por no doblar, buscó con saña al tercero cuando se dispuso a cachetear puntilla en mano.

En quinto lugar hizo aparición Coquetón, desarmando y buscando haciendo hilo con brío a Javier Jiménez, pese a tener su capote entre las astas, teniendo el sevillano que tomar el olivo. Acudió con prontitud al cite en la primera vara, que cayó caída, peleando con un fuerte cabeceo y buscando salida y costado izquierdo del jaco en un afán constante por quitarse la puya, algo que logró justo antes de salir suelto del peto. Tras una lidia desordenada fue puesto en corto, saliendo a su encuentro el picador, que le pegó fuerte y en mal sitio, con el toro dejándose pegar, sin emplearse. Con las frías pudimos ver a un meritorio Alejandro Sobrino, pues el astado mostró complicaciones, cortando descaradamente por el derecho, con unas ideas e inteligencia más racional que propia de un bovino, teniendo El Algabeño que soltar su capote y cuartear quitándose en dos ocasiones. Inició su faena el joven diestro con cabeza, pues pese a tener el engaño en la derecha, solo le tanteó por el izquierdo, disponiéndose pronto y sin probaturas a ponerse al natural, cargando la suerte, fajándose las embestidas en el embroque pero con la pega de despedirlas hacia fuera, algo que unido a lo que se abría de por sí el cárdeno en sus embestidas, le deslucían en parte la ligazón, conseguida prácticamente teniendo que ir a atacarlo, buscándolo allí donde había quedado tras cada lance. Esto lo corrigió ya con más de la mitad de faena hecha, rompiendo de verdad las embestidas por abajo y en redondo, llevándolos hasta detrás de la cadera, pasajes ante los cuales los olés sonaron con rotundidad. Hecho esto, inexplicablemente tomó la diestra, pese a lo metida que estaba la gente con su mano izquierda sobre todo tras dejar los mejores naturales; y al astado no le agradó que así lo hiciese, como si se hubiese dado cuenta con el pitón que le activaba el "modo racional" de todo lo que llevaba regalando por el izquierdo. Le pegó un arreón hacia chiqueros, haciendo sudar al de luces, que optó por acortar distancias, yendo todo a menos. Dejó una estocada contraria tendida que tardó en hacer efecto. Saludó una ovación tras aviso y hubo una ligera petición de oreja. El manso encastado con su buen pitón izquierdo, levemente aplaudido.



Cerró la tarde Temeroso, entrando con pies al anillo. Cumplió en la primera vara, que fue fuerte y en buen sitio a la caída del morrilo, quedando la segunda un punto más trasera, de la que el astado salió suelto tras pelear con la cara alta. Llegó a banderillas aplomado, aunque fijo y con prontitud, pero de nuevo echando la cara arriba y bronco en la brega, de modo que el diestro se centró en el pitón derecho en su faena, sin terminar de lograr con temple que no le tocase las telas en un tornillazo que tiraba a mitad de muletazo el astado con su playerona asta diestra. Tomó el estoque tras probar el izquierdo, por lo desentendido del comportamiento del morlaco, que dio parte de cuando en este encaste un toro definitivamente se aburre o se raja, no necesariamente buscando refugio de tablas o chiqueros, simplemente manifestando saliendo con la cara a media altura, distraído de los lances, que le falta la codicia suficiente para continuar la pelea. Fue duro de patas, eso sí, pues tras estocada arriba algo atravesada, no doblaba, sonando un aviso, optando el matador por tirarse de nuevo, algo que hizo en tres ocasiones más para agarrar un pinchazo hondo, llegando el segundo aviso ante la dureza para caer de su adversario.

El juego de los toros pese a su mansedumbre dio bastantes detalles que analizar, lo cual me tuvo interesándome por lo que ocurría en el ruedo, siendo un festejo entretenido a pesar de la baja nota de bravura por el buen punto de casta del encierro, las dificultades que crearon y las virtudes que también atesoraron.

Rubén Sánchez.

lunes, 17 de abril de 2017

Involución entre el descaste de Montealto. Domingo de Resurreción en Madrid.




En una tarde calurosa para las fechas y con buena entrada, aunque bastante más floja que la anterior, más de 11000 personas en los tendidos acudieron a presenciar el mano a mano que se dio cita en Domingo de Resurreción, con gran parte de los madrileños aún regresando de viaje. El público tributó haciendo gala de buena memoria, una ovación al finalizar el paseíllo que saludaron ambos diestros, en reconocimiento al esfuerzo que ambos hicieron en el mano a mano que precedió y que dio sentido al que iba a empezar. Pese a tratarse de un mano a mano, brilló por su ausencia la rivalidad en quites, quedando el enfrentamiento en brindis mutuos. A la tarde le faltó rematar, bien por la falta de duración de los toros, a los que su falta de casta les impidió trasmitir hasta el final; como por la labor de los espadas, y no solo me refiero a los aceros. También a un Garrido hecho un jabato entendiendo los toros y sometiéndolos que hoy no apareció por ninguna parte, o a un Curro Díaz al que hemos visto cargar la suerte y torear con verticalidad, o a ambos entrando por derecho, rectos en la suerte al matar. Lo de hoy ha ido para atrás en vez de para mejor, involución, que me decía un profesor (mi profesor de inglés en el colegio) sin acritud por mis resultados -y no le faltaba razón-.

Abrió plaza Capanegra, con pocos pies y midiendo. Algo abanto tomó la primera vara al relance, le dieron fuerte y trasero, cumpliendo el astado con fijeza sobre un pitón. Salió suelto pegando un arreón, llegando sin que le cortasen al caballo que guardaba la puerta, donde tomó un segundo puyazo trasero del que salió suelto. Esperó en banderillas, apretando a los adentros. Pudimos ver un buen par de Pirri. El trasteo de muleta lo inició Curro Díaz pasándolo por bajo para acto seguido buscar el pitón derecho, por el que el animal pasa sin más, con nobleza y a media altura, sin repetir, siendo los muletazos uno a uno. El de Linares le acompañó sin obligarle pero sin dejar que le enganchase las telas, tomando después la zurda, abusando de la ventaja del cite con el pico de la muleta y acortando las distancias, algo que este manso, soso y descastado acusó. Se perfiló en corto sin intentar lo imposible y recetó una buena estocada, siendo aplaudido el coletudo por el respetable y pitado su adversario.



También salió abanto Virtuoso, pero José Garrido sin probaturas se dispuso a pararlo ganando terreno, recitando varias verónicas rodilla en tierra de gran plasticidad, para continuar con un buen ramillete de lances a la verónica, rematando con una media muy torera y la revolera. Se dispuso a lucir al burel en varas, dejándolo a una distancia media en suerte, pero su picador hizo todo cuánto estuvo en su mano para evitar que aquel toraco cogiese velocidad galopando en su arrancada, buscando un topetazo desde menor distancia, yendo a la suerte de costado con el palo echado al máximo en el propio cite. Cumplió en ambos encuentros, realizando una buena pelea con la cara abajo y metiendo los riñones. Llegó a rehiletes con fijeza, prontitud y pese a que ganaba terreno en los pares, José Maria Amores le cuadró un buen par. La faena inició por bajo en tablas, algo brusco en los toques y en el giro de muñeca para vaciar, diría que un tanto forzado tratando de llevar al animal en línea recta echándolo fuera en el remate, que en realmente querer rematarlo atrás con la suavidad de quien da salida, de quien vacía el pase quedándose colocado para el siguiente. Esto propició que el animal se quedase corto y no repitiese, logrando tras sacarlo más allá del tercio una buena tanda por el derecho, a base de tragar, cargando la suerte y con firmeza. Por el izquierdo solo se vieron las ganas del extremeño, pues el cornúpeta, muy venido a menos, confirmó que había dejado bastante parte de su motor en el peto, donde además le consumieron otro tanto por el castigo recibido en tan mal sitio. Tuvo de positivo que se entregó a la pelea, faltándole casta y una duración que se exige simplemente por la falta de capacidad de la torería para cortar las orejas con una faena medida e intensa. Es por estos conceptos por los que la actitud y disposición del pacense se diluyeron en los tendidos debido a su pesadez acortando distancias. Para más Inri -nunca mejor dicho en estas fechas-, lo despachó de estocada caída; y por si fuera poco, el puntillero levantó al de los rizos al séptimo cachetazo, siendo silenciada la labor del joven espada y recibiendo pitos este segundo cuando el tiro de mulillas lo arrastraba al desolladero.

Argentino lucía por nombre el tercero, también saliendo suelto en los primeros compases, ante las dudas en el recibo de Curro Díaz. Tomó dos puyazos muy traseros, empujando con fijeza y poder en el primero, mientras que saliendo suelto del segundo. Con las frías Manuel Muñoz calentó al personal, en sentido negativo, además de sobaquillo, clavando una por una a un morito que arrancaba con prontitud. Y es que vista la labor de las cuadrillas de hoy, uno sigue sin explicarse como se devuelven los favores en tardes de la importancia que tenía esta para ambos; en vez de aprovechar que hay que contratar uno más a pie y a caballo y que no hay excesivos festejos para llevar consigo a los mejores, a los que además de meter al público en la lidia por su lucimiento, son capaces con su labor de que las condiciones del toro mejoren en la lidia. Inició el trasteo con precauciones con la diestra, pues el burel tiraba la cara arriba, un manso falto de casta y de motor al que el linarense optó por pasaportar rápido, sin complicarse -como es su deber- en poderle, en someterle al menos antes de cuadrarlo y luchar por que bajase la cara. No contento con abreviar tras apenas cumplir trámite con la zurda, le recetó un pinchazo hondo en el mismo sótano -no soltó al ver donde estaba- y luego agarró media estocada baja, escuchando a la postre un silencio a mi opinión injusto por la afición, que una vez más le consintió más que a la mayoría. En el arrastre, de nuevo pitada.



Con el cuarto, Bordador, castaño de capa, acapachado de cara, aleonado, corto de manos y con toda la barba pero bien conformado: con armonía entre su cabeza, pecho, morrillo y culata; volvimos a disfrutar del buen toreo de capa de José Garrido, que remató con una media belmontina, con el compás cerrado, de mucho porte. Al relance tomó Bordador la primera vara, cumpliendo con fijeza mientras le tapaban la salida y le pegaban trasero, en una carioca magistral pero de escaso mérito al lograrla con el toro que no quiere irse ni buscar el costado izquierdo. Lo mejor de la tarde del pacense vino en el galleo por chicuelinas para colocar al astado para el segundo encuentro, esperándolo y bajando las manos con suavidad, rematando muy torero soltando capa en una torera larga genuflexa. El puyazo fue de nuevo trasero, tras acudir el toro con prontitud y saliendo quizá tan suelto que para la presidencia, con buen criterio a mi juicio, no contó como vara en regla, no accediendo a la petición de cambiar a banderillas del espada, volviendo a recetársele castigo a Bordador en mal sitio, en un tercer encuentro del que salió suelto. Javier Valdeoro destacó con los garapullos, dejando un buen par a un astado que se arrancaba con prontitud, acometiendo con todo a la pelea, empleándose y sin reservarse. Inició faena pasándolo por bajo, saliendo a los medios, terrenos que le pesaron a un morito que iba a menos, agotando su motor y donde por tanto, no repetía. Optó el pacense más que por cerrarlo un poco, por echarse encima, lo que perjudicó aún más la falta de motor del morlaco, que aunque humillaba, no llegaba a trasmitir. Tras gastar el tiempo reglamentario con pesadez, encimista y abusando del pico, alargó el brazo tras irse de la suelte para dejar una estocada caída a una res que tuvo sus virtudes pero a la que faltó casta para venirse arriba tras el castigo recibido en el caballo. Sonaron pitos en su arrastre, siendo silenciada la labor del espada.



En quinto lugar se corrió Campanita, jabonero de capa y playerón de cara, además de algo gacho y bizco. Su presentación fue protestada además de por su cara, por el menor remate de cuartos traseros y menor desarrollo de pechos, lo que en definitiva le hacía tener un trapío inferior. Salió suelto de la primera vara, sin apenas llegar a meterle las cuerdas, aunque afortunadamente, porque el piquero le señaló muy trasero y la rectificación tampoco era del todo buena. Tras dejarlo en la raya y salir de huida ante el cite, permitiendo al espectador que enseña a un neófito en el tendido poder decirle "ves, eso es un toro manso..." acudió al segundo encuentro, del que se fue de un arreón, quedando prácticamente sin picar. El caballo perdió los apoyos en tanto que el animal salió de najas, cayendo en un tumbo hacia el lado del astado, mostrando una doma que sin duda perjudica al toro que empuja, al que se emplea con bravura soportando el castigo, que no puede avanzar ni romanear salvo que su poder sea fuera de lo normal y que realmente no necesita realizar un esfuerzo tan fuerte ni para ahormarse ni para demostrar su bravura como soportar el peso de la cabalgadura mientras empuja; y beneficia al toro que precisa ahormarse, al que no se emplea, al que mansea y sale huído. Una doma inspirada en lo que realiza una cuadra más allá de los Pirineos con una mayor perfección, con la explicación de utilizar un caballo más ligero -además de trabajo, claro está-, capaz de aguantar en equilibrio en caso de que el pitón que el caballo busca deje de empujar y frente al que el toro que empuja es capaz de desplazarlo y romanear, sin venirse abajo al verse contra un muro y además cargando con su peso. Tras quedarse crudito y regresando a lo que nos ocupa, el toro iba y venía, toro péndulo que decían antes y que tan bien le venían a Curro Romero para lucirse con su personalidad única. En este caso también correspondía su lidia a un torero digamos más pinturero que artista, pero con personalidad, sello y toreria. Tras andar algo rebrincado en sus embestidas en el segundo tercio, distraído y recibir un buen par de Óscar Castellanos, el jienense inició faena con intensidad, sabiendo que tenía que conectar, y aunque un trincherazo que ciertamente corta el viaje más que lo alarga no sea muy propicio para empezar la obra, la conexión era prioritaria e inició con él y le siguieron varios remates de trincherilla por bajo, inteligente de él que sabía que el animal no iba a romperse ni a dejar de ir y venir sin emplearse demasiado por ello. Continuó a derechas, muy desmayado, dejando la zurda muerta y muy vertical, llegando a los tendidos, los cuáles rugían en dos derechazos de categoría. El tema viene cuando el tercero es enganchado, como le ocurrió en todas las tandas, y el respetable sigue jaleando como poseído por los anteriores, y el problema continua cuando la faena toma distintos derroteros, pasando de la verticalidad de inicio a un recostamiento en los cites, siendo éstos además desde fuera de cacho, abusando del pico para más señas, rugiendo el coso como si tal cosa, como si no hubiese diferencia entre los dos derechazos de inicio y lo que siguió. Ahí está lo que decía de consentimiento total y absoluto, de subjetividad frente a la exigencia de todas las tardes, que hubiese recriminado con fuerza muchos cites en caso de tratarse de alguna conocida figura y más aun ante un mansete sin picar que iba y venía. Menos mal que en la grada joven -tiene tela que sean ellos los que marcasen el listón de exigencia a la veteranía supuestamente rígida en sus juicios- se puso un poco de cordura y el fervor se aplomó un poco, y es que no niego la intensidad, la toreria y el gusto, el sello de Curro; pero no puedo cegarme ante enganchones o la sutil manera de ir descargando la suerte a cada muletazo. Pese a todo, lo que nos libró de presenciar unos posibles trofeos concedidos con una categoría inferior a la de la primera plaza, rebajando la valía de triunfar en ella, fue el propio Curro y su hacer en la suerte suprema, pues lo dificil es que consiguiese agarrar el estoque, aunque fuese bajo, habiendo pasado tan lejos al tirarse a matar. Aún así no se privó de saludar una ovación entre la división tras el bajonazo, habiendo también una división incomprensible en el arrastre de este manso "péndulo", quizá aplaudido por no crear muchas dificultades.



El sexto en el recibo fue abanto y distraído, sin llegar a fijarse tras el mismo, desentendiéndose del caballo en el cite, pese a apretar en la vara trasera que tomó, en la que el piquero barrenó con saña mientras que le tenía contra las tablas, demostrando bravura y poder también en la segunda, frente a un varilarguero que solo puso en práctica lecciones de como realizar el máximo número de cortes con la puya en el menor tiempo posible, abriendo trayectorias como si de la mayor fiera corrupia se tratase, porque ni consiguió dominar al equino ni hizo alarde de su puntería echando la vara. En banderillas se movió a arreones, sin maldad pero creando el pánico entre la cuadrilla, que tiró de cuerpo a tierra en vez de profesionalidad. Y es que llama la atención como en cuánto se mueve un toro, aunque sea sin buscar o arrollar, enseguida cunde el pánico al no estar parado en su sitio, al no estar todo bajo control, echándose en falta el oficio de los lidiadores. Llegó a la muleta humillando y repitiendo, con mucho que torear y con trasmisión. No se hizo con él el pacense, que trató con brusquedad de escupir la embestida dando salida hacia afuera con un fuerte giro de muñeca, que provocaba al animal un extraño en el embroque, buscando la tela con el pitón de fuera. Le paseó -el toro al diestro- por diversos terrenos de la plaza, desarmándolo al tomar la zurda, sin llegar a dominar con mando la embestida en ningún momento, en una faena sin planteamiento, sin llegar a someterlo antes de pegar un sainete con los aceros, pinchando en blando y agarrando una estocada tendida, saliéndose descaradamente de la trayectoria, teniendo que descabellar dos veces tras un tercer pinchazo. Tanto la labor del lidiador como este Novillero, de bravura engañosa o bravucón, con poder y casta pero sin faltarle arreones de manso, fueron silenciados.

Rubén Sánchez.

lunes, 10 de abril de 2017

Ni bravos y nobles, ni fieros y encastados: Correosos y parados victorinos.



 En una tarde calurosa y con un gran ambiente, más de 17000 almas en el coso venteño atraídos en su mayoría por la expectación de ver las reses de la A coronada, el ganadero de Galapagar ha pasado muy discretamente por su primera cita este año con la primera plaza del mundo. Varios de sus astados fueron ovacionados por su lámina y presentación al pisar el ruedo, pero en cuánto a su comportamiento dejaron que desear frente a la expectación creada. Fueron duros y correosos tal como puede esperarse en la casa, pero apenas regalaron una embestida siguiendo la muleta con algo de recorrido, ni tuvieron la movilidad, fiereza o brío que les caracteriza y que hacen notable su peligro en los tendidos. Los de hoy mantuvieron ese peligro traducido en complicaciones pero sin la movilidad y el nervio esperado de cuando no sale el que sigue la muleta por abajo hasta el final. En cuánto a la terna podemos destacar una muy digna actuación de Gómez del Pilar, un petardo muy sonoro de Fandiño y un Alberto Aguilar que dió de cal y de arena.

El confirmante Gómez del Pilar abrió plaza yéndose a portagayola para recibir a un morlaco que salió muy parado, tal como fue durante toda su lidia. Tras un buen recibo capotero, trató el toricantano muy asentado de dirigir el tercio de varas con miras al lucimiento del astado, que puso en evidencia a su divisa, tardeando a un primer encuentro al que se le dejó a mucha distancia y teniendo que ser cerrado a la raya, algo que ocurrió también en la segunda entrada (inexplicablemente demandado por la afición), pues fue de nuevo puesto de largo, tras haberse ya visto lo que le costó arrancarse sin aún saber dónde iba. Juan Manuel Elena "El Patilla" toreó bien a caballo, cruzándose con el toro y citando muy enérgico, pero si el toro no quiere no se puede hacer más. En ambos encuentros le pegaron fuerte, cumpliendo el toro y saliendo suelto, llegando a banderillas muy parado, esperando, muy tardo ante los cites. Destacó Raúl Martí con los palos y tras un emotivo brindis al cielo en memoria del pequeño Adrián Hinojosa, por el que también se guardó un respetuoso minuto de silencio al finalizar el paseíllo, fallecido de cáncer a los 8 años de edad y que quería ser torero, inició el trasteo muletero pasando por alto a su adversario, saliendo al tercio tras evidenciar sus complicaciones y lo corto que se quedaba por ambos pitones. Muy dispuesto y tras aguantar por el derecho teniendo incluso varios sustos, logró algunos detalles por el izquierdo, sin más, regresando al pitón derecho donde tras otro aviso serio optó por cambiar la ayuda por la de verdad para después de doblarse con él muy torero, macheteando de pitón a pitón y andándole, despacharlo de una estocada tendida y trasera. Estaquero, que así se llamaba, demostró mansedumbre, falta de casta y de movilidad, fue despedido con pitos, mientras que su matador recibió una justa aunque discutida ovación a su digna actuación.



Barbacano fue a la postre el único que regaló embestidas con algo más de recorrido en la muleta, salió con pies, llevando a Fandiño por diversos terrenos de la plaza en el recibo de capa, muy brusco, defendiéndose más que enseñando al toro a humillar y seguir el engaño. El animal ya había mostrado varias características propias del que sale bueno en su encaste, pies de salida, difícil de torear a la verónica en el recibo, humillador...además acudió con prontitud al caballo, tomando dos puyazos fuertes, cumpliendo en el primero y...vaya, saliendo repuchado del segundo. Tras un quite por chicuelinas de Aguilar que finalizó el toro al desarmarle, Jarocho destacó con la brega pese a las dificultades, pues aunque humillando, apenas si pasaba y además hacía mucho hilo. Diego Ramón Jiménez dejó un buen par para cerrar tercio y pasar a una faena que inició con brusquedad al pasarlo, logrando ligar los muletazos a continuación por el derecho y un buen natural al tomar la zurda, regresando enseguida el vizcaíno a su mejor mano, sin acordarse de que no era el mejor pitón del albaserrada, faltando colocación y abusando de la ventaja del pico. La faena calló tras algunos detalles de nuevo al natural en cuánto acortó distancias, quedando mecha todavía que aprovechar por el izquierdo. Tampoco anduvo acertando con lo que él era seguro, la espada, dejando una estocada muy baja y atravesada. El manso encastado y a menos con buen izquierdo fue pitado, al igual que Iván Fandiño.

En tercer lugar, Buscador salió con pies, brioso, aunque enseguida se paró tras el recibo capotero. En varas tuvo un buen comportamiento, empujando en la primera y cumpliendo con fijeza en la que vino después, muy caída y fuerte. Llegó al segundo tercio cortando y midiendo, ante él anduvieron rápidos, eficaces los de a pie, evitando pasadas en falso que tanto le hubiesen orientado. A partir de ese momento y sin motivo aparente el animal cantó que no quería más pelea, volviendo la cara hacia tablas tras recular y buscando las tablas del 5. Su matador, inteligentemente, no se empeñó como estamos acostumbrados a tratar de llevarse a base de tirones al toro al terreno donde no quiere estar, e inició por bajo centrando su faena en los terrenos de los adentros en el sol. El burel se quedaba corto y buscaba, orientándose por momentos, pegando un brusco tornillazo en el embroque, hechos éstos que hicieron tomar al diestro las lógicas precauciones, aunque quitándose demasiado, algo que acentuaba más si cabe el sentido que iba cogiendo el cornúpeta. Tras dejar algunos detalles aguantando mucho por el derecho, llegando al público por el notable peligro, volvió al izquierdo sin asentar las zapatillas y el toro le tropezó, desplazándolo de un golpe que le provocó una caída y tener que entrar en la enfermería, tirando tras ello la toalla en su difícil empresa y sin obcecarse en algo importante como someterlo antes de coger la de verdad, pues se dobló sin mucho afán ante la incierta embestida y pasaportó de media estocada en lo alto a este manso encastado con peligro que fue pitado en el arrastre, recibiendo palmas el diestro Alberto Aguilar.


De Bosquimano se había hablado mucho por su estampa y fue recibido con una ovación de gala en su salida, su hocico algo chato no era de la casa, pero sí sus dos cornipasos puñales que lucía por delante. En este caso el recibo además de brusco, defendiéndose como en el anterior, no solo no ayudó a enseñarlo a embestir sino que además le enseñó a echar la cara alta. En varas cumplió, con fijeza además en el primer puyazo, siendo ambos fuertes, traseros  y caídos. El animal mostró poder y prontitud, arrancándose con alegría al caballo y necesitando una tercera entrada que además de mostrar su bravura atemperase su embestida, pero Fandiño no estaba por la labor en vista de la bronca en el anterior, de que la gente se pusiese desde tan pronto de parte del toro y cambió el tercio a una res que gazapeó en banderillas, además desparramando la vista y estando pendiente de todo, muy distraído, ante el que Jarocho se desmonteró tras dos buenos pares. La faena inició por bajo, saliendo al tercio, algo acelerado. La embestida, a media altura y sin entrega, pero pasaba; y arrancaba con prontitud a la distancia, logrando el coletudo algún pasaje de ligazón por el derecho, mientras poco a poco el morito se iba orientando, avisando a su matador, que pronto empezó a dudar, algo que cabreó a una afición que ya tenía la escopeta cargada tras lo del toro anterior y de modo que en cuánto se le recriminó, tiró la toalla y mostró una actitud que si bien es verdad que el animal no tenía entrega ni fijeza, dejó mucho que desear. Estocada baja con derrame, bronca. El astado recibió alguna palma (de castigo al torero, posiblemente) pues fue una medianía, no tuvo entrega ni estuvo fijo en la pelea, pese a su poder y buen comportamiento en el caballo.

Murallón debió salir en sexto lugar, pero la estancia de Aguilar en la enfermería recuperándose de dolor en las costillas hicieron que se alterase el orden de lidia. Fue algo protestado, pues por lo playero de cara no destacaba su cuerpo, largo y vareado, como es el toro de albaserrada. Salió con pies, aunque algo renqueante de atrás, de lo que pronto se recuperó. Se dejó pegar en varas cumpliendo sin más, mientras le arrearon con saña en mal sitio, en la paletilla. Llegó a banderillas con movilidad y Carretero aprovechó para salir del paso clavando a la media vuelta. La faena del toricantano en terrenos del tercio fue de mucho tesón, ante una embestida algo gazapona, orientándose por momentos, quedándose corto, buscando. A base de sobarlo logró dejar algún destello al natural, regresando ya con precauciones y sin lograr acoplarse por el derecho. Entró a matar y se le fue abajo, de modo que no soltó y sacó esa fea media espada, finiquitando después con un pinchazo hondo caído y una estocada también caída. Fue despedido con pitos el encastado y correoso albaserrada y silenciado el diestro.



Por último hizo aparición el que hacía quinto en los papeles, teniendo que ser devuelto por inválido tras dos fuertes varas; en su lugar se lidió un sobrero de San Martín, tan inválido o más que el devuelto. Salió con pies, brincando, tirando un pitonazo en el primer lance que pasó cerca de la barbilla de Alberto Aguilar, continuando con la cara alta aunque mejorando según iba concurriendo su lidia. Cabeceó en la primera vara, trasera, yendo a mejor para la segunda, en la que se quedó fijó empleándose, saliendo muy justo de fuerzas y doblando las manos. Pero este era más nobletón y anduvieron más prestos en banderillas, había que mantenerlo, aliviándolo en la brega por arriba y sin miraditas al palco ni tiempos muertos que avivasen la protesta del público, como habían hecho en el anterior. El madrileño le cogió pronto el aire con la muleta, con suavidad y ayudándolo en el remate levantándole el vuelo, de modo que logró ligar varias series por el derecho, pues el animal desarrolló mucha humillación, siguiendo con recorrido el engaño, repitiendo sin apenas levantar la cabeza, además con prontitud y una nobleza un punto empalagosa debido a su templada embestida al paso, sin trotecillo apenas y nada de galope. Las tandas se sucedieron ligadas por ambos pitones llegando al público hasta que optó por acortar distancias, pese a lo pronto que embestía a media distancia. El toro a pesar de su bondad no olvidó su estirpe santacolomeña y dio algún susto a Aguilar, tanto cuando le quitó la muleta, pues él quiso repetir, como cuando abusó del cite descolocado, tirando el gañafón al ver el hueco entre su muslo y el engaño. Lo despachó de una buena estocada, en la que fue cogido y pese a lo bien colocado de la espada, se tragó la muerte, escuchándose un aviso y teniendo que descabellar, escuchando una ovación acabada su labor. El morlaco fue silenciado en el arrastre.

Rubén Sánchez.

domingo, 9 de octubre de 2016

Tanto peligro como nobleza, variada corrida de La Quinta con un Alberto Álvarez que dejó buena impresión


Buenasnoches abrió la tarde saliendo adormilado, toro serio y bien rematado que fue recibido con aplausos. Rafaelillo dejó ver bajandole las manos y soltando capote una embestida en la que se desplazó por el derecho, mientras que por el izquierdo se quedaba debajo. En varas entró con prontitud a una primera de la que salió coceando, de najas tras sentir el puyazo trasero que le señalaron, mientras que en la segunda se quedó a hacer sonar el estribo cabeceando con violencia, mientras le administraban una vara trasera con mucha saña. Llegó parado y medidor a banderillas, sin humillar en la brega y sin pasar por el izquierdo, queriendo tirar el gañafón incluso con el pitón de fuera. Buen segundo par de José Mora, al que le ganó terreno el cárdeno y pese a todo cuadró en la cara. La faena inició en el tercio, saliendo enseguida a los medios con la diestra, mostrando la res complicaciones, tobillero y con muy corto recorrido. A base de dejarsela siempre delante de la cara, peder pasos y estar siempre tapado, logró algún medio muletazo, viéndose un pitón izquierdo aún con mayor peligro en los remates. Por momentos se le subió a las barbas al ir a rematar la tercera tanda, recorriendo varios tendidos con la muleta por delante abaniqueando un gazapeo que eran arreones en cuanto veía el pavo la ocasion. Una serie más tras recuperar el control y estocada baja atravesada después de un amago de someterlo por abajo andándole buscándole los costados. Descabelló. Manso encastado. Se orientó enseguida, influyendo su edad en ello. Alguna palma en arrastre y división con Rafaelillo.

En segundo lugar salió Bailaor, fue recibido de capa con un buen ramillete de verónicas del diestro Ricardo Torres. En varas cabeceó con violencia, queriendo quitarse el palo, saliendo suelto, llegando a un tercio de banderillas en el que se  desmonteró Marco Leal tras un señor par, con exposición. En el inicio de faena se le coló, mostrando mucho peligro ya en los cites. No se entretuvo ni en poderlo ni tratar al menos de someterlo, lo despachó de un bajonazo infame y se encargaron de estamparlo a base de vueltas las asistencias. Fuerte bronca y ovación de castigo al astado, manso y con peligro.

Hizo tercero otro Buenasnoches, este pueda ser de la misma madre que el primero pero del siguiente parto, al ser este casi cinqueño. Su capa cárdena clara salpicada impactó al personal y lo recibió Alberto Álvarez con dos largas de rodillas de las que salió abanto a recorrer el anillo, viniendo después un buen abanico de lances a la verónica aunque sin poder ganarle mucho terreno por lo deprisa que volvía a tomar el siguiente. Quiso hacer un galleo por la espalda rememorando a tiempos de Joselito El Gallo, pero terminó por irse suelto a una primera vara muy caída en la llegó a romanear al tener tapada la salida. A la segunda arrancó por derecho desde distancia, llegando al peto con la cara alta, señalándole una vara trasera y siendo sacado al momento. Destacó Venturita con las frías mientras que se vio buena capacidad para humillar en la brega por parte del de La Quinta. Inició faena en los medios con un cambiado por la espalda, continuando por el derecho, por el que exigió colocación y repuso tras quedarse un poco corto en los muletazos. Optó el baturro por ponerse al natural, sacando varios muletazos enganchados con el vuelo rastrero de la muleta, con despaciosidad pero sin ajuste alguno, a una embestida noble y humilladadora, mientras que el animal le marcaba la mala colocación al ir a ligar los lances, por lo que no tontorrona. Volvió el coletudo a la diestra para terminar rematando con manoletinas, poniendo rúbrica con una estocada contraria tras pinchazo. Se complicó la cosa con el descabello, siendo prendido en una de las ocasiones. Buena disposición y buena muestra de capacidad para lo poco que torea Alberto Álvarez ante un toro medio que manseó en varas pero exigió en la muleta. Ovación en el arrastre y saludos.

Favorito fue el lidiado en cuarto lugar, salió algo huidizo y se le metió por los adentros a Rafaelillo en el que iba a ser el lance de recibo, teniendo que soltar las telas, que llevo hasta rajar el animal colgando del pitón. Lo paró después con varios lances, chicuelina y larga, dando el burel muestras de no mucha fuerza. Acudió al relance a la primera vara, muy caída a la paletilla, en la que se dejó pegar. Una chicuelina y un remate bastaron para dejarlo colocado y desde distancia arrancó pronto, aunque no se empleó en la también caida puya que le señalaron. Agarrado al piso y algo distraído llego a rehiletes aunque mostrando una embestida humilladora en la brega. Buen par de Álvaro Oliver fijando la tarda embestida. La faena comenzó pasándolo por alto de rodillas, saliendo después al tercio entre varios cambios de mano y un pase de la firma de buen trazo, llegando al tendido. Ligó varias tandas por el derecho, despegado y aliviando por alto cuando el animal le recriminaba la colocación con alguna mirada en la que con nobleza escogió el trapo. Al natural mayor profundidad de la embestida, queriendola tomar y repetir sin llegar a levantar la cara. Faltó apostar ya que regresó al derecho tras haberle dado una tanda corta con la zurda y quitándole la muleta de la cara. Tras otra tanda a derechas y tocarle las orejas antes de cuadrarlo, metisaca en el segundo sótano, por lo menos. No la soltó por el sitio en el que cayó, pero no le dio tiempo a volver a entrar a matar, fue fulminante. Palmas a este buen toro en el arrastre y silencio para el matador.

Camarero hacía quinto, su estampa despertó palmas, cárdeno facado, girón y calzado. De salida se paró tras la primera arrancada, tratando de orientarse de lo que había tras las tablas, sin tener claro a qué estímulo acometer. Ya decidido, lo paró con precauciones Ricardo Torres. Se arrancó a una primera vara con prontitud en la que llegó con la cara alta, bajándola después y mediendo riñones con fijeza, llevando contra tablas al caballo, llegando a romanearlo contra las mismas, demostrando poder y bravura. En la segunda tuvo prontitud desde la distancia pero salió suelto en tanto que fue citado. En la buena brega de Marco Leal se dejo ver un buen pitón izquierdo, además de fijeza y prontitud del astado. Empezó faena saliendo al tercio pasandolo por alto, rematando asimismo tras entre medias llevarlo por bajo. Por el derecho continuó, teniendo el astado buena condición, a media altura, con recorrido y repitiendo, arrancando con franqueza y entrega, con todo, con los riñones. Al natural vinieron varias tandas con tosquedad, brusco y sin llegar a potenciar las virtudes de una embestida noble y humilladora. Estocada arriba. Ovación en el arrastre para este Camarero, que demostró bravura en varas y entrega en la muleta. Silencio.

Fontanero cerró plaza con la jotica, salió con pies, Alberto Álvarez lo recibió con dos largas de rodillas y salió a los medios a la verónica, en unos lances en los que no llegó a humillar, saliendo suelto. En la primera vara cumple y cabecea, arrancándose pronto a una segunda vara de la que se repucha, entrando después a hacer sonar el estribo. En banderillas agarrado al piso y algo tardo, distraído. Buen par de David Blázquez. Inició faena con la diestra tras brindar a los empresarios entre pitos, toreando templado, asentado y firme, dando tiempos y tirando de las embestidas. Faltó ajuste por ambos pitones, pero una muy grata impresión por parte del aragonés. Por el izquierdo fue poco a poco desentendiéndose de la pelea este Fontanero, abriéndose hacia tablas y sin emplearse, aunque con nobleza. Lo mismo ocurrió por el derecho, tuvo lo que tuvo y duró lo que duró humillando y siguiéndo la muleta antes de desengañarse. El espada insistió en sacar algo más, pero tuvo que trastear para cuadrarlo y agarrar media estocada trasera y tendida tras un pinchazo y finalmente despacharlo con una estocada arriba. Se levantó ante el puntilero y sonó un aviso. Se amorcilló y se echó, volviéndo a levantarse para terminar por caer en una muerte encastada. Aún siendo manso, noble y escaso de casta sonaron palmas en su arrastre, siendo ovacionado el diestro.

Entretenido fin de semana cárdeno en La Misericordia, con muchos matices para analizar, esperamos repetir.

Rubén Sánchez.

Variada e interesante novillada de Los Maños, por encima de la terna


Con media plaza o poco más se celebró el primer festejo de la Feria del Pilar. Una novillada de la ganaderia aragonesa de Los Maños, variada de presencia, con cuajo y seriedad, en general por encima de una terna con poco rodaje.

Abrió plaza Fandanguero, abanto salida, se dio tres vueltas de reconocimiento al anillo que dieron después constancia del desgaste que producen. Blandeó una vez Pablo Aguado salió a recibirlo a los medios. Lo fijó al caballo con un galleo por la espalda garboso y eficaz; tras él, el de Los Maños tomó un puyazo caido en el que cumplió fijo. Buen quite a la verónica en el que muestra una embestida muy templada por ambos pitones y con muy buenas cualidades. Tomó con prontitud una segunda vara de la que lo sacaron enseguida, estaba picado. Isiegas replicó al quite echándose el capote espalda por ajustadas saltilleras cambiando el viaje y rematando por gaoneras, poniendo de broche revolera y brionesa. Aguado se picó pero tras el acierto inteligente de su compañero, que hizo un quite de bastantes lances, pero sin obligar por bajo a un burel al que no le sobraban fuerzas, le bajó las manos por chicuelinas y le hizo perder las manos, por lo que tuvo qud cortar. En Banderillas fue tardo, esperó y buscó tablas, teniendo que colocarlo además de sacarlo Rafael González, que con eficacia y suavidad lo realizó en una buena brega, destacando también un buen par de Azuquita. En la muleta tuvo cualidades de alta nota para el torero este Fandanguero, pronto, fijo, noble, humillador, codicioso, repetidor, colocando la cara y desplazandose pero, con poca fuerza. La faena la planteó con series largas en los medios, con algunas brusquedades y sin llegar a cuajar y sacar de verdad todo el potencial que artisticamente le brindaban las condiciones del astado. Sí que pudimos ver y disfrutar de la embestida, pues no se echó encima ni le enganchó la muleta, cosas que posiblemente hubiesen tapado virtudes. Remató al natural a pies juntos. Buena estocada algo trasera y tendida, que apenas hirió mortalmente al astado. Las asistencias le hicieron caer bajándole los capotes, sin dejarlo echarse por efecto de la estocada, por lo que al ir a apuntillarlo se levantó como era natural, pues tenía su casta y se enfrió la petición de una posible oreja barata para una actuación por debajo de una condición para encumbrarse. Ovación arrastre y palmas.

El segundo tenía por nombre Quejoso, muy serio por delante, hizo una salida briosa y con temperamento aunque siguiendo los vuelos del capote de Jorge Isiegas que lo recibió con una larga de rodillas. Tomó dos buenos puyazos en el sitio de Luciano Briceño tras ser bien puesto en suerte con un vistoso galleo por chicuelinas y la segunda luego puesto de largo, pero el animal hacia hilo hacia los capotes y no pudo lucirse. Ademas salió suelto de la segunda tras dejarse pegar en la primera. Quite lucido  por navarras de Salenc y buen par del tercero Lucas Benítez en un tercio de garapullos en el que Quejoso hizo hilo y cortó, cabececando en la brega. Inició faena el baturro en los medios, ligando varias series algo tosco pero entendiendo al animal y templando, dándole tiempos y llevándolo toreado. Al natural dando el medio pecho logró una buena tanda. La embestida por el derecho tenía trasmisión aunque a media altura, sólo humillando cuando iba obligado y levantando la cara al salir de los muletazos, costándole repetir. Por el izquierdo el recorrido es menor pero la sigue a media altura y repite. Remató al natural y lo despachó de un bajonazo infame. Palmas en arrastre y, ovación tras peticion.

Tostadino hacía tercero, de salida se arrancó al primer lance cruzado, desde medios a tablas, apretando, viéndose Adrián Salenc sin recursos, optando por soltar la tela y tomar el olivo de cabeza. Ya después en los lances de recibo, el santacoloma salió suelto de los lances, mostrando una buena embestida por el pitón izquierdo, humillando y desplazándose. En varas acude pronto y empuja mejor en la segunda que en la primera, aunque fue mal picado pese a estar bien fijado en suerte. Con los rehiletes vimos buenos pares y a un Manolo de los Reyes muy torero saliendo de la cara, el animal es pronto y hace hilo, aunque pega tornillazos en la brega. La faena no llega a tomar vuelo, dudas y acorte de distancias hicieron que fuese a menos y se parase, pese a un piton izquierdo que, sin mucho recorrido y pese a lo rebrincado del final de muletazo, era mas aprovechable. Por el derecho rebrincado y quedándose corto. Buena estocada. Leves pitos arrastre y silencio.

En cuarto lugar salió Secretario, ovacionado de salida, fue recibido de capa con celeridad. Echó las manos por delante y en las chicuelinas que intercaló le cortó el viaje, algo que junto a otros latigazos que le pegaba a cada lance hicieron que se cayese. Primera vara de largo acude pronto y empuja, trasera y algo caída. Segunda vara acude pronto a distancia con toda ventaja, bien hecha la suerte, citando primero con voz y brazo sin mover el caballo, consiguiendo que se arrancáse sin tener que provocarle demasiado, pero tras la arrancada, Mario Benítez marró su buen hacer, pues le falló la punteria y no agarro el puyazo. Salió suelto de dicho encuentro y nos dejaron sin ver una tercera entrada en la que tomase la segunda vara. Buen par de Rafael González con las frías, mientras que Azuquita sufrió cogida y fuerte paliza, pues con celo y saña lo buscó en el albero el morlaco. Faena a menos, con brusquedades, quitándole la muleta en ocasiones de la cara y acortando distancias a una embestida que por el derecho iba humillada y buscaba repetir, aunque sin abrirse, acostándose, llegando a tropezar al novillero que fue levantado del albero de un gañafón. Por el izquierdo le sorprendió, colandose y sin llegar a humillar, por lo que apenas tardó en regresar al derecho. Media estocada trasera atravesada. Leves pitos arrastre y silencio.

Hizo quinto Piedrabonito, que salió haciendo astillas en varios burladeros, como toda la novillada. Este fue el unico que se astilló, destrozándose sobre todo el pitón derecho, en parte por afán de los peones en asomar capote por la bocana haciéndolo rematar. Tras salir suelto algo abanto en los primeros lances, se fijó en cuanto salió a los medios, dejando entrever poca fuerza. Tomó una primera vara trasera al relance antes de llegar el montado a contraquerencia. Gazapón y distraído, la  segunda fue fuerte y también a relance citando desde dentro de las rayas el lidiador. Gazapeando siguió y creo desorden en la lidia, pudiendo verse dos buenos pares de mérito por lo que esperaba el astado. Inicia faena Isiegas pasándolo por alto y sale andándole a los medios, el morito cabecea y se queda corto por el derecho aunque sin malas intenciones, aunque dándole distancia logra el maño que siga la muleta y con inercia se desplace todo el muletazo, además repitiendo. Buen hacer este último pese a las complicaciones. Por el izquierdo uno a uno consiguiendo ligar al rematar la segunda tanda, la embestida tiene poco recorrido y una buena carga de nobleza, pues ni lo ha mirado pese a estar fuera de cacho en bastantes cites. La plaza estaba con él chaval. Media estocada atravesada y tendida la escupe. Oreja y ovacion al novillo.

El de la jota fue Beduino, un señor pavo, abierto de cara y rematado. Lo recibió Salenc con larga cambiada de rodillas, entrando al relance en varas en las dos ocasiones, siendo señalado solo en la primera. Protesta hacia el palco por no poder ver el tercio de varas. También se le recriminó al francés en el quite, al que se decidió tarde, ya con los peones dispuestos a iniciar el segundo tercio, que transcurrió mas eficaz que lucido, sin dejar que arrancáse de poder a poder al animal, algo gazapón y distraido. Inició faena el francés en los medios de rodillas a un novillo que pedía sometimiento y poderle antes que nada. Tras intentar lidiarlo mostrando tener escaso oficio en ello, sacó varios naturales desde fuera y hacia fuera. La siguiente tanda fue mas numerosa en pases y la embestida mejorando, aunque el quitarle por arriba la muleta a final de los pases no le vino nada bien. Ya con más confianza en una tercera tanda dejo la pata alante y al hilo dio el medio pecho, volviendo a un complicado pitón derecho, gazapón y por el que reponía, habiéndo llevado el animal al coletudo a terreno de chiqueros, dominando con su gazapeo, la situación. Vuelta al izquierdo donde se los tragó también alli entre las tablas y el espada, que no llegó a poderle y dominarlo. Esto le produjo complicaciones al matar, una faena larga y sin someterlo condujo a arreones tras pasarlo por abajo para cuadrarlo, dejando un pinchazo hondo en uno de los arreones, cuarteando, tras un pinchazo anterior. Volvió a agarrar un pinchazo caido, optando por descabellar sin haber matado al novillo. Beduino tuvo sus teclas y dificultades, fue encastado con notas de mansedumbre y quedó crudo en varas. No le faltó nobleza y cualidades tras sobarlo en la muleta para hilvanar una faena. Division arrastre. Silencio.

Entretenida e interesante tarde a nivel ganadero y con una terna que para su poco oficio trató de dar lo mejor de sí. Una lástima que no se acartelasen los más preparados de la novilleria. Mañana más con la de La Quinta.

Rubén Sánchez.

lunes, 3 de octubre de 2016

Pasajes de aquel Cid con los albaserradas y un buen Carpintero entre descafeinados Adolfos





4ª y última de la Feria de Otoño. Corrida de toros, 6 toros de Adolfo Martín, desiguales de presencia, sobre todo por las encornaduras y algo fuera del tipo de la casa, con mayor prominencia de morrillo y remate de riñones que los clásicos albaserradas. En cuánto a comportamiento en general faltó más casta, brío, viveza de la que se esperaba.

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Rafael Rubio "Rafaelillo", de azul y oro: Estocada y descabello. Saludos con fuerte división. Buena estocada tras pinchazo. Saludos.


Manuel Jesús "El Cid", de verde botella y oro: Estocada trasera volcándose sobre el morrillo en la suerte. Saludos. Estocada casi entera tras pinchazo. Saludos tras Aviso.


Morenito de Aranda, de catafalco y azabache: Pinchazo hondo tras pinchazo. Silencio. Estocada baja. Silencio.

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Abrió plaza Carpintero, bien recibido en tablas por Rafaelillo, en unos lances en los que el astado se abrió y no llegó a humillar todo lo habitual para su encaste, mostró un buen comportamiento en las tres entradas al caballo en las que recibió dos puyazos en regla y una primera vara muy fuerte en castigo. Metió en todos los encuentros los riñones aunque empujando solo sobre un pitón, llegando en el segundo a desmontar al piquero de la cabalgadura. Una pena que solo pudiésemos verle arrancarse en esa segunda entrada, ya que las restantes fueron a relance sin estar bien fijado. En banderillas mostró fijeza y prontitud, así como poder suficiente para aguantar la lidia pese al castigo recibido en varas, tan poco habitual en estos tiempos y difícil de aguantar por la mayoría de la cabaña brava. El inicio de faena fue muy torero llevándolo por bajo, sometiéndole y obligándole a alargar el recorrido de las embestidas, ligando a continuación dos derechazos con profundidad, aunque sin poder pegarle un tercero puesto que el animal se vuelve sobre las manos y repone, no habiendo perdido los pasos necesarios. El animal mostró su nobleza en una embestida muy humilladora ante la que la faena debió tomar un vuelo mayor, logrando ligar tres derechazos el murciano antes de que el burel fuese acortando su recorrido y buscando más los alhamares del chaleco que los tobillos y las zapatillas como los clásicos albaserradas. Buscó el pitón izquierdo logrando con tesón, aguantando y tirando de él, sabiendo quedarse colocado, varios naturales de uno en uno, rematando con un cambio de mano en el que puso torería, pero sin llegar a redondear una faena de mayor entidad vistas ciertas cualidades del animal, aunque sin restar méritos a su labor, puesto que no cabe duda que algunas de esas virtudes pudieron verse gracias a detalles de la misma. Carpintero fue despedido por la afición con una ovación de gala, no en vano fue un toro con fijeza, con la casta y el poder necesarios para aguantar tres varas en regla, sin mansear en ningún pasaje y con nobleza.





Sombrerillo fue muy diferente a su hermano anterior, abanto de salida, El Cid le dejó a su aire en el recibo, sin obligarle, pues aunque humillaba, las fuerzas iban medidas. Tomó una vara al relance en la que tras cumplir e ir a sacarlo volvió a arremeter contra el peto y le señalaron un segundo puyazo bien cogido en el que se dejó pegar, llegando a banderillas tardeando, distraído y haciendo hilo a los peones. El Cid le dejó ir y venir sin someterlo en el tercio en el inicio de faena, hasta que en la primera tanda, un cambio de mano algo mecanizado hizo al animal perder las manos, optando por centrarse a partir de ese momento, logrando ligar una buena tanda por el derecho, tirando de él y jugando con los cites, pues aunque humillaba, le costaba mucho repetir. Con la diestra consiguió meterlo en la muleta a base de exponer y aguantar una embestida que empezó a arreones y fue mejorando hasta que al verse podido, de vuelta al lado derecho, el astado buscó amparo en tablas. En el arrastre sonaron leves pitos por su mansedumbre, justeza de fuerzas y de casta y su poca entrega.





Sin muchos pies salió el tercero, Marinero de nombre, que distraído tomó la primera vara, perdiendo las manos al salir y tras ello tuvo lugar un simulacro de puyazo del que salió suelto. Como solo se caía las pocas veces que se empleaba, la protesta no tomó fuerza por lo espaciado de las caídas, pero además de parado, se desplomó ante los de plata, dejando nulas opciones para la muleta este manso, descastado e inválido que fue despedido con una buena pitada mientras trabajaba el tiro de mulillas.

Pecador tenía por nombre el lidiado en cuarto lugar, que salió con pies y fue recibido con una larga afarolada al hilo de tablas por el diestro murciano Rafaelillo. La administración del castigo necesario en el primer tercio fue ejemplo de uno de los grandes males que tiene el tercio de varas, pues mientras cumplía sobre un pitón en la primera vara recibió un castigo brutal, para luego únicamente señalarle en la segunda entrada, de la que salió medido de fuerzas; en vez de administrar el castigo en ambos puyazos. Llegó al segundo tercio cortando a los rehileteros y haciendo hilo, mientras que en la muleta su embestida fue a menos, puesto que de inicio al natural pudimos ver una buena tanda ligada, ya que se desplaza al salir de los muletazos y con humillación. Por el derecho apenas tenia recorrido aunque la virtud de humillar. En el arrastre hubo pitos a este manso que se dejó, aunque venido a menos.




Murcianito hizo quinto, un autentico pavo con toda la barba, cercano a los seis años que iba a cumplir en dos meses y con una tremenda arboladura. Además salió dormido, andando, inspeccionando el nuevo lugar en el que se encontraba, rematando en varios burladeros con mucha fuerza y afán de romperlos. En el recibo ya mostró un pitón derecho por el que a media altura se abría y desplazaba, en contraposición con el zurdo, por el que humillaba pero sin recorrido. Cabeceó apretando sobre el pitón izquierdo en la primera vara, mientras que tras ser bien fijado de largo para la segunda, cumplió con algo mas de fijeza sobre ese mismo pitón tras arrancarse galopando. En garapullos se mostró tardo y agarrado al piso, mientras que se vino arriba al inicio de la faena de muleta, en la que El Cid le dio distancia consiguiendo dos tandas de derechazos ligadas que calaron en los tendidos. En la tercera optó por acortar distancias y poderle, frente a la inercia de la distancia, llegando a afligir al astado, que se mostró sin celo alguno por el izquierdo, sin tan siquiera humillar en un final encimista en el que el depósito de casta estaba muy escaso. Su falta de entrega y su evolución a menos sembraron una leve división en el arrastre.



Cerró la tarde y la feria Jardinito, que buscó y midió de salida las tablas para intentar saltar, tomando una primera vara en la que metió riñones cabeceando, saliendo suelto del segundo encuentro. Tardeó y midió a los de las frías, llegando a la muleta sin entrega y sin humillar, aunque moviéndose, yendo y viniendo, facilitando una faena aseada que no tuvo lugar por la actitud de un Morenito algo apático, sin tesón por que aquello pudiese tomar cierto vuelo, optando por abreviar. Mientras fue conducido al desolladero sonaron pitos para este mansito sin entrega.



Pese a un primer toro de buena nota, se echó de menos la emoción propia del peligro que crean hierros como este en su corrida, de la que se esperaba más. El Cid dejó un buen sabor de boca por su disposición a lo largo de la tarde, mientras que Rafaelillo volvió a demostrar que lo suyo es la batalla y Morenito deja claro que sus triunfos son destellos frente a una regularidad.

Rubén Sánchez.

Esta crónica ha sido publicada con más detalles sobre presidencia y suerte de varas en www.eltoro.org